Muchas marcas aprendieron a dirigirse a los millennials cuando empezaban a trabajar, consumir y construir su identidad adulta. Hoy, esa imagen puede quedarse corta.
La vivienda, la situación económica, las responsabilidades y las expectativas profesionales dan lugar a trayectorias distintas. La edad, por sí sola, explica cada vez menos qué necesita una persona y qué está dispuesta a priorizar.
Entender estas diferencias permite plantear propuestas más cercanas a su vida real: cómo administran su tiempo, qué les aporta tranquilidad y dónde encuentran motivos para gastar.
— ¿Estás segmentando por edad o por las circunstancias que determinan la compra?
— ¿Qué significa progresar para el consumidor al que quieres llegar?
— ¿Qué problemas cotidianos podría resolver mejor tu propuesta?